14 de enero de 2016

Sociedad

Sociedad. “El desafío de Tandil es crecer y seguir durmiendo la siesta"

-¿Cómo vive alguien a quien los medios y los referentes de formación de opinión han designado como el profesional que dispone de todas las claves secretas para entender a la sociedad lugareña? La mirada de alguien que lo ve por televisión o lo lee estima que usted es el dueño de un saber acerca de eso que podríamos llamar como “lo tandilense”… -Eso cualquiera sabe que no es cierto, ja. Hablemos de política local. Muchos creen que uno es el que infiere una serie de políticas y el intendente lo sigue. Usted conoce al intendente y eso es imposible. De modo que eso no es cierto sino que pasa exactamente al revés. Nosotros aprendemos de las gestiones, de qué es lo que está bien o está mal, pero analizando el post, el después de los hechos. Claro, después de tanto tiempo hay cosas que se repiten y algo sabemos de las conductas de la sociedad, pero previamente tratamos de aprender los datos de todos los días. Por lo tanto no hay un saber deductivo, además yo soy un inductivista con cierto empirismo sociológico. Me baso en datos por formación. Esos datos los estamos midiendo todos el tiempo. -Bueno, vayamos a los mitos. ¿Es un mito que la sociedad local es conservadora? -Eso sí, es un mito. En todo caso es tan conservadora como el resto de la sociedad argentina y como buena parte del interior de las ciudades de la provincia de Buenos Aires de carácter intermedias. Ahora Tandil ha sido una de las ciudades que más ha crecido de la provincia en términos de inmigración. Y pasa algo que es interesante: el que viene se asimila al que está y se hace aún más conservador. Es decir, toma los valores de los nativos y además los sobreactúa. Eso es lo que se ha visto en los últimos veinte años. Y lo hace porque se quiere parecer. Y porque eligió esta ciudad por eso, no quiere cambiarla de ninguna manera. Yo observo a la mujer que toma los terrenos (Griselda Altamirano), vive en una sociedad que está exactamente en lo contrario a eso. -Esa gran inmigración que empezó en los 90 y coincide con el proceso de la globalización hoy parece ser que ha empatado los tantos. Dicen que estamos mitad y mitad entre los nacidos y criados y los venidos y quedados. -Tengo ese dato, sí. No lo recuerdo perfectamente pero podría verlo. Hay una gran inmigración del interior de la provincia, es como un imán, de donde más vienen. Ciudades cercanas y luego Capital Federal. Primero los inmigrantes vienen del interior de la provincia de Buenos Aires. Y vienen a ratificar esos valores. -Pero la gran queja del inmigrante es que no es aceptado socialmente. Dicen que el trasplante cuesta mucho. -Pero esa visión la comparto con el tandilense, je. Esa visión de que Tandil es una ciudad cerrada, no abierta, la dice el que viene de afuera pero también el propio tandilense.  Entonces en ese caso están pensando los dos lo mismo. -Quizá estemos transitando el último estado del pueblo grande. El tandilense que entra al restaurante y saluda a los parroquianos, el tipo que sube al colectivo y saluda al chofer. Son como síntomas finales, ¿no? -En eso coincido. Estamos en la etapa final, nosotros somos la última generación. Y el gran desafío de la ciudad es no perder eso. Yo propondría el seguir creciendo, es complejo y ahí está el desafío. Pensando el Tandil del futuro a la clase dirigente yo le propondría este desafío: de qué manera conservamos la vieja solidaridad y cooperación de las sociedades tradicionales… -Lo que la profesora María Argeri llama como las “vecindades activas”. Ella sostuvo que era una vergüenza que el Estado Nacional pusiera 30 millones de pesos para recuperar el Teatro Cervantes habiendo aquí empresarios y vecinos con mayor y menor poder económico que podían hacer esa obra. -Coincido plenamente. Hay que pensar alternativas de tal suerte que Tandil siga creciendo pero manteniendo ciertas cuestiones. Descentralizar el crecimiento, valorizar el uso del espacio público, crecer en lugares como Gardey y Vela. Sería un crecimiento manejable. Lo que no hay que perder es la calidad de vida y el trato humano y esto se puede lograr. El desafío es cómo crecer sin dejar de dormir la siesta. Es la ventaja competitiva que tenemos contra otras ciudades. Hay que poner mucho énfasis en el transporte de la gente, darle prioridad al peatón, al que camina porque se encuentra con la gente. Volver a utilizar las veredas. Hoy el tandilense se preocupa más para que no le estacionen frente a su casa que por el estado de las veredas, que son bastante desastrosas. Fíjese lo que pasó en Avenida Colón. Arreglaron un par de cuadras las veredas y la gente las empezó a utilizar. Un domingo o un sábado a la tarde hay mucha más gente andando en la vereda, van con sus chicos porque son amplias y pueden jugar. Y da una posibilidad de relacionarse con los vecinos. Todo eso se logró mejorando las veredas. Las cosas en verdad son sencillas. Porque de todo lo otro la iniciativa privada tandilense se ocupa, de generar trabajo e iniciativas. El gobierno sólo tiene que ser un facilitador de todo eso, no un palo en la rueda. Porque la ciudad funciona. -El otro aspecto ineludible de su vida está ligado a que es el portador del oráculo electoral. Su fama de infalible, digamos. ¿Cómo es la relación que establece con alguien que viene a comprarle una encuesta? -Básicamente he aprendido mucho la empatía. Ponerme en lugar de la persona, respetarlo en todo. Y ponerme la camiseta de la persona que venga. Mire, en estas últimas elecciones acá en Tandil les hicimos a todos los partidos. A todos. Algo que hace cuatro u ocho años hubiera sido una carga de stress importante para mí. Eso me lo han dado los años. Yo cuando hablo con el candidato, quiero que el candidato gane, es así. -Tandil es chico, ¿no se le hizo complicado trabajar con todos? ¿Nadie le pidió exclusividad? -No. -Bueno, a ver. ¿Cómo se le dice, por ejemplo, a Pablo Bossio que no iba a pasar del 24% de los votos? -De movida, que es de hecho lo que pasó. Maquiavelo decía “las malas noticias todas juntas y enseguida”. -¿Y la reacción cuál es? -Con el tiempo ha cambiado eso. Te respetan. Por supuesto, está la persona que va a entrar a la cancha y quiere ganar. Yo le digo que enfrente está el Barcelona, pero igual en el candidato siempre está lo interno para cambiar las cosas, para ganar. Y así tiene que ser. De hecho tengo un ejemplo donde pasó exactamente lo contrario. En 2002 Lunghi cuando larga viene a verme. La UCR estaba perdida, en retirada. Miguel se acordaba que en el 95 yo le había dicho que iba a salir tercero con un 20% de votos, tal como ocurrió. Me preguntó cómo lo veía ahora. Le dije que tendría 20 puntos a lo sumo y metería dos o tres concejales. Ahí Lunghi me empezó a hablar de lo que quería para la ciudad. Entonces no sé qué tiene Lunghi. Carisma no es, pero empieza a hablar y te convence. Ahí pensé: “Si llega a transmitir al resto lo que me está transmitiendo a mí, cuidado”. Hicimos una encuesta enseguida, vi algo… Y en esa primera encuesta ya había ganado en la intención de voto. Largó primero y nunca dejó de ser primero. El PJ con Mario Bracciale empezó a recuperar, un mes antes estaba a 500 votos, pero ahí quedó. -Bracciale parecía ser un candidato que no tenía muchas ganas. ¿En cuánto influyen las ganas? Recuerde que Bracciale no fue al debate final… -Ehhh… está bien. Las ganas tienen que ver, pero… ¿cuántas ganas tenía Macri de ser presidente? Hay situaciones, el contexto ayuda a gente que tampoco tiene muchas ganas. No solo depende del candidato. Macri con el caso Niembro tuvo el peor momento de la campaña y luego empezó a recuperar y acortó diferencias. -¿Qué fue lo que pasó? -Para mí lo pierde Scioli. -¿O Cristina? -Bueno… cuando Scioli acepta a Zannini de vice y a Aníbal Fernández como candidato a gobernador. Usted tendría que ver la secuencia semana a semana que hicimos. En ese momento empezó el tobogán. Todos los votos que tenía Scioli de la gente que lo veía como una alternativa inclusive al kirchnerismo se empezaron a ir y nunca más los recuperó. -Imaginemos una ciudad sin Lunghi. ¿A quién visualiza en el poder? -No hablemos de nombres y apellidos, pero sí imagino a alguien con un estilo diferente. -¿Por qué Tandil es tan antikirchnerista? -No es así. Ganó Cristina, ganó Scioli. Si hubiera trasladado a nivel local lo que había conseguido a nivel nacional y provincial otra hubiera sido la historia. Falló en lo local, pero también tenían a Lunghi enfrente, en eso no tuvieron suerte. -Si  uno mirara el devenir a través de la década, Lunghi parece un sujeto político inevitable. -Totalmente de acuerdo.
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